We have accepted as true the idea that science occupies a space away from politics and collective life; labs are far from everyday life, urban is a realm opposed to nature, scientific objectivity is a refuge that protects us from arbitrary and strange situations, and history of science is a succession of experiments and statements that try to explain our relationship with nature as a sphere separate from the human.
However, we have at our fingertips one of the most eloquent examples that these statements are not so unquestionable: What is it that holds together biomaterials, mulberry trees, laboratories at the Murcian Institute of Food Research, Agricultural development and Environment, cardboard boxes with holes full of worms that children look after in spring, old iron bridge over Segura river and the orchard? A close look at a small piece of silk fabric is enough to distinguish the threads that hold all these fragments together.
Silk is a materialisation of metamorphosis, and not only that which takes place in the transformation of the worm into a chrysalis. Silk is the record that results from the processes of accommodation and transformation of life into different beings and material forms. But this transformation is neither autonomous nor independent of a whole social, ecosystemic, technological, ethnographic, affective, botanical and economic context.
Through an epistemological approach based on artistic research, Metamorphosis invites us to take a look at the natural and cultural landscape of Levant, following the silk industry as a paradigm of the ways in which the association of many entities, such as animals, plants, technologies, viruses or scientific institutions, coexist and participate in mutually affecting each other in the environmental history of our region. Metamorphosis is a celebration of the symbiotic nature of the world.

Miguel Mesa del Castillo

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Hemos admitido como cierta la idea de que la ciencia ocupa un espacio que está separado de la política y de la vida colectiva en general; que los laboratorios son lugares alejados de la cotidianidad, que lo urbano es un ámbito opuesto al de la naturaleza, que la objetividad científica es un refugio que nos protege de lo arbitrario y lo extraño, y que la historia de la ciencia da cuenta de una sucesión de experimentos y enunciados que tratan de explicar nuestra relación con la naturaleza como una esfera separada de lo humano.

Sin embargo, tenemos al alcance de la mano uno de los ejemplos más elocuentes de que estas afirmaciones no son tan incuestionables: ¿Qué es lo que mantiene unidos los biomateriales, las moreras, los laboratorios del Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario, las cajas de cartón con agujeros llenas de gusanos que los niños custodian en primavera, el puente de hierro sobre el río Segura y la huerta? Una observación atenta a un pequeño retal de tejido de seda puede bastar para distinguir los hilos que mantienen asociados todos esos fragmentos.

La seda es una materialización de la metamorfosis, y no solo la que se realiza en la transformación del gusano en crisálida. La seda es el registro que resulta de los procesos de alojamiento y transformación de la vida en distintos seres y formas materiales. Pero esa transformación no es autónoma ni independiente de todo un contexto social, ecosistémico, tecnológico, etnográfico, afectivo, botánico y económico.

Mediante un enfoque epistemológico basado en la investigación artística, Eduardo Balanza nos invita a proyectar una mirada hacia el paisaje natural y cultural de la Región de Murcia siguiendo la industria de la seda como un paradigma de los modos en que la asociación de muchas entidades, como los animales, las plantas, las tecnologías, los virus o las instituciones científicas, conviven y participan afectándose mutuamente en la historia ambiental de nuestra región. Metamorfosis es una celebración de la naturaleza simbiótica del mundo.

Paisaje
La industria de la seda en Murcia fue durante los Siglos XV al XVII la mayor fuerza económica de la Región, La importancia de la producción de seda se mantuvo en todo el Levante peninsular hasta la crisis debida a la aparición del hongo Nosema bombycis (Pebrina), que parasita al gusano, y que acabó con la producción a mediados del S.XIX.

Sin embargo, para entonces ya gran parte del paisaje de la ciudad había cambiado en gran medida gracias al empuje económico y a las necesidades de la propia industria sericíciola: ordenación territorial, jardines botánicos, diversificación productiva de la huerta, nuevas construcciones y el desarrollo urbanístico de muchas ciudades y poblaciones pequeñas, experimentaron cambios muy importantes relacionados con la seda.

Botánica – Plantas
Una de las actividades fundamentales de la sericícola consistió en seleccionar las mejores variedades de morera para impulsar la producción y hacer a los gusanos más resistentes a enfermedades. El actual paisaje urbano de muchas ciudades del levante peninsular fue originado en parte gracias a la importación de decenas de nuevas variedades de morera. Muchos de los parques urbanos y el arbolado de las calles proviene de la industria de la seda. Puede decirse que la sericicultura promovió un nuevo paisaje viajero y translocal que conecta Japón y China con el Levante español e Italia.

Ciudad
No estamos acostumbrados a pensar en la relación entre nuestras ciudades y otras agencias y fuerzas de transformación, como las del clima, los hongos, los animales o las plantas. La industria de la seda era un sistema de producción reticular y distribuida en pequeños productores familiares que ya no existe, pero esa red productiva ha quedado inscrita en la historia ambiental urbana que es la memoria de sus crisis sanitarias y sus plagas, sus instituciones, sus laboratorios y la sociedad que se mantuvo vinculada a la producción.

Laboratorio
Debido al impulso a la investigación provocado por la lucha contra el hongo de la pebrina, en el S. XIX fueron creadas nuevas instituciones científicas para la prevención de posibles crisis sanitarias y asistencia a los productores, como es el caso de la estación sericícola de Murcia creada en 1892, siguiendo el modelo italiano para centros de investigación sobre la seda, que en 1914 se trasladó a su actual ubicación y se convirtió en un laboratorio de investigación para la prevención de la pebrina y la búsqueda de nuevas especies de gusano más productivas y resistentes.

Solemos ver los laboratorios como algo separado de la sociedad, pero la historia de la sericicultura en Murcia nos muestra que toda la huerta era un laboratorio en el que se observaban y se combatían las enfermedades, se modificaban las especies botánicas, se seleccionaban las razas que mejor se adaptaban a las condiciones medioambientales.

El laboratorio está también fuera de los espacios cerrados de la investigación. En cierto modo, las cajas de zapatos con gusanos, la experiencia de los pequeños productores, la plantación de nuevas especies de morera son formas de laboratorización tan importantes como los proyectos de investigación sobre la seda, los textos científicos, los experimentos, los microscopios, o los ahogaderos.

Animales
Un gusano es básicamente un tubo digestivo, mientras que una mariposa (crisálida o pupa) es básicamente un cuerpo reproductivo suicida (un cuerpo para la reproducción) que no se alimenta, solamente busca pareja para copular durante horas y poner los huevos antes de morir.

El gusano de seda es uno de los animales domésticos más fascinantes porque su metamorfosis –de máquina orgánica para devorar hojas de morera a máquina sexual– se manifiesta ante nuestros ojos como algo extraordinario, pero a la vez se muestra como un proceso natural que nos recuerda otras transformaciones en los cuerpos y en los ecosistemas que dependen de la manera en que la vida se encarna en ellos y se traslada de un organismo a otro.

No somos tan distintos de los demás animales, no estamos tan separados de ellos como parece, nuestros paisajes y entornos urbanos han sido coproducidos con otros animales. A los gusanos de seda les debemos en el Levante español mucho de la que hoy es la forma de nuestras ciudades.

Réplica – Fetiche
Este no es un trabajo etnográfico, es una exposición de obras de arte que se acerca a una fábula científica. Una historia apasionante y una aproximación a las humanidades científicas, a los estudios de la ciencia, la sociedad y la tecnología, a la entomología, a la botánica, el urbanismo y la ecología.

Replicar la tecnología que da soporte a la investigación, copiarla y versionarla es una manera de entenderla, de discutir sus agencias y sus políticas, su capacidad de mediación y de traducción entre lenguajes distintos, pero también es un modo de apreciar la importancia de su dimensión estética.

 

Miguel Mesa del Castillo

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