{"id":432,"date":"2019-01-03T19:00:45","date_gmt":"2019-01-03T19:00:45","guid":{"rendered":"http:\/\/eduardobalanza.com\/web\/?p=432"},"modified":"2019-01-03T20:32:05","modified_gmt":"2019-01-03T20:32:05","slug":"galeria-yusto-giner","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eduardobalanza.com\/web\/2019\/01\/03\/galeria-yusto-giner\/","title":{"rendered":"Galer\u00eda Yusto Giner"},"content":{"rendered":"\n<p>La galer\u00eda de Marbella presenta la obra multidisciplinar del artista murciano en un montaje donde destacan sus piezas con neones.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>RE-MIX. Eduardo Balanza<\/strong><br>Galer\u00eda Yusto-Giner, Marbella<br>30 noviembre 2018 \u2013 9 Febrero 2019<br>Mientras fuimos felices. <strong>Sema D\u00b4Acosta<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><br>En muy poco tiempo, antes de que nos di\u00e9ramos cuenta, la m\u00fasica popular, \u00e9sa que procura llegar al mayor n\u00famero de gente posible y alcanzar cotas altas de audiencia en un p\u00fablico heterog\u00e9neo, ha cambiado radicalmente su esencia. Aunque no lo digamos ni se escriba mucho sobre ello, aunque ya se sobreentienda su nuevo estado como si hubiese sido una evoluci\u00f3n predecible, el giro vivido en la industria musical durante la \u00faltima d\u00e9cada ha resultado tan imprevisible\u2026 que lo que fue ya nada tiene que ver con lo que es ahora. Hemos pasado de los vinilos y casetes al streaming en un santiam\u00e9n, de los elep\u00e9s y del CD a la playlist sin que apenas nos diese lugar a pensar sobre lo que estaba pasando. Es sorprendente el modo tan r\u00e1pido en el que nos hacemos a lo que llega y olvidamos lo anterior, la poca importancia que cobra el ayer cuando lo nuevo es m\u00e1s c\u00f3modo y f\u00e1cil. No es s\u00f3lo una cuesti\u00f3n de variar nombres o estilos musicales, eso ha ocurrido siempre a lo largo de las modas y tendencias de la segunda mitad del siglo XX y sin duda es una dial\u00e9ctica que responde a una pulsi\u00f3n natural hacia delante. En este caso estamos ante una cuesti\u00f3n ontol\u00f3gica de verdadero calado, una transformaci\u00f3n sustancial que ha mutado la tradicional naturaleza de la m\u00fasica pop como veh\u00edculo social y catalizador del imaginario de la juventud de una \u00e9poca hacia otra cosa distinta y globalizada.<br><br>Hace unos a\u00f1os el acto de o\u00edr m\u00fasica formaba parte de un conjunto de situaciones aparentemente sencillas -complejas desde el punto de vista antropol\u00f3gico que pod\u00edan acabar siendo determinantes para la filiaci\u00f3n identitaria de alguien antes de llegar a la edad adulta. Un tipo de m\u00fasica u otra pod\u00eda marcar un comportamiento espec\u00edfico y la correspondiente aceptaci\u00f3n de una persona por un grupo; era una manera de reivindicar un espacio com\u00fan, caracter\u00edstico de adolescentes y veintea\u00f1eros, que iba desde la rebeld\u00eda y el inconformismo hasta la incomprensi\u00f3n. Basta ver las fotograf\u00edas que hac\u00eda Miguel Trillo en los a\u00f1os 80 del siglo pasada alrededor de los conciertos para entender c\u00f3mo la m\u00fasica es un motivo aglutinador capaz de marcar pautas y comportamientos 1 . Punkis, heavies, rockers, mods o raperos formaban entonces parte de contra-movimientos que defin\u00edan subculturas urbanas; curiosamente, colectivos que se sal\u00edan de la generalidad sin dejar de ser cotidianos y aceptados. La calle siempre ha sido un espacio de libertad para la gente joven, un sitio de encuentro y experiencia donde comenzar a manejarse con autonom\u00eda fuera de los m\u00e1rgenes del hogar. Evidentemente, estas afinidades eran vinculantes: potenciaban el sentido de pertenencia a trav\u00e9s de los dem\u00e1s, por eso hab\u00eda algo tribal e incluso at\u00e1vico en esas actitudes colectivas. Significaban un lugar de reafirmaci\u00f3n donde la espontaneidad, el atrevimiento y la desinhibici\u00f3n se canalizaban a trav\u00e9s de un c\u00f3digo com\u00fan cuya banda sonora actuaba como tel\u00f3n de fondo emocional.<br>Una tesitura distinta, pero con el mismo fondo musical, era la intimidad de la habitaci\u00f3n, el refugio propio. Ah\u00ed la m\u00fasica era un ejercicio de confirmaci\u00f3n, la eucarist\u00eda de una personalidad en ignici\u00f3n. Escuchar vinilos y cintas en tocadiscos o radiocasetes conllevaba un acto de liturgia que se ha perdido. Adem\u00e1s de constituirse como un trance ceremonial, abarcaba un proceso de encuentro y descubrimiento con algo profundo. <br>Las tribus urbanas musicales aparecieron a mediados de los a\u00f1os 70 del siglo pasado en Espa\u00f1a, durante el periodo de tr\u00e1nsito de la dictadura a la democracia. Cada subcultura ten\u00eda h\u00e1bitos comunes, lugares de reuni\u00f3n, maneras propias de hablar, vestirse, peinarse, actuar o pensar. Eran reconocibles unas de otras y conviv\u00edan sin grandes sobresaltos, respetando el espacio de cada una. Desde los a\u00f1os 60 del siglo XX en Estados Unidos se crea un movimiento de contracultura contra la Guerra de Vietnam que est\u00e1 muy vinculado a la m\u00fasica y la libertad. Evidentemente, en estas tipolog\u00edas juveniles de chupa de cuero y jeans tuvo mucha importancia la imagen de rebeld\u00eda que desprend\u00edan gente como Marlon Brando o James Dean en pel\u00edculas emblem\u00e1ticas de entonces como \u2018El Salvaje\u2019 (1953) o &#8216;Rebelde sin causa&#8217; (1955) permit\u00eda reconfortar el esfuerzo mientras que la imaginaci\u00f3n se expand\u00eda. Con los discos y cintas hab\u00eda que saber esperar, elegir bien, ir a comprar a la tienda o pedir prestado a un amigo, a veces grabar y, finalmente, disfrutar siendo conscientes de haber alcanzado una etapa final. Escuchar m\u00fasica en el dormitorio, o en otro rinc\u00f3n apropiado de la casa, era el desenlace de una sucesi\u00f3n de circunstancias, un modo de adquirir mundolog\u00eda. En las estanter\u00edas, en los armarios, sobre la mesa, escondidos en los cajones y los archivadores, las canciones pose\u00edan corporeidad, eran un objeto f\u00edsico que ocupaba un espacio concreto, que pod\u00edan verse y tocarse. Los h\u00e9roes sonre\u00edan en las portadas, llenaban posters y carpetas, nos acompa\u00f1aban en el viaje. El objeto que conten\u00eda la m\u00fasica cobraba tanta consideraci\u00f3n como el sonido que generaba el aparato reproductor. Se produc\u00eda entonces una sin\u00e9cdoque inadvertida donde las sensaciones que nos despertaban determinadas melod\u00edas o letras, se asociaban indefectiblemente al soporte que conten\u00eda esa informaci\u00f3n, un trasvase que permite hoy que esos objetos aviven nuestro recuerdo. De forma inevitable, aqu\u00ed la memoria se mezcla con la a\u00f1oranza por los momentos vividos, por aquello que fuimos y ya no volver\u00e1. Como la infancia, esa adolescencia era una patria aut\u00e9ntica, irreductible. La obra de Eduardo Balanza (Murcia, 1971) redunda en el valor melanc\u00f3lico de estos objetos familiares para muchos de nosotros, elementos habituales en todas las casas espa\u00f1olas hace unas d\u00e9cadas convertidos ahora en esculturas silentes. Al exhibirlas con solemnidad, el protagonismo recae sobre el continente y no tanto sobre el contenido, un t\u00f3tem sin utilidad transformado as\u00ed en un inesperado monumento a la evocaci\u00f3n. Car\u00e1tulas, cintas y radiocasetes representan un pasado pr\u00f3ximo de nuestra historia \u00edntima, funcionan como un s\u00edmbolo de aproximaci\u00f3n a un periodo de nuestras vidas que siempre echaremos de menos. Los avances tecnol\u00f3gicos han condenado a la obsolescencia a estas formas de conservaci\u00f3n y grabaci\u00f3n del sonido en cintas magn\u00e9ticas. Tambi\u00e9n han ca\u00eddo en el olvido nombres de marcas exitosas de cinta virgen como BASF o TDK3, para los chavales de nuestros d\u00edas unas siglas indescifrables.<br>La escena cumbre de una pel\u00edcula emblem\u00e1tica como \u2018Blade Runner\u2019 (Ridley Scott, 1982), posee un ostensible product placement de la marca de cintas magn\u00e9ticas TDK que ilustra su posici\u00f3n en el mercado internacional en ese momento. Recordemos: no para de llover. Rick Deckard (Harrison Ford) cuelga de una viga y est\u00e1 a punto de caer al vac\u00edo. Justo en el instante que se resbala, su rival, Roy Batty (Rutger Hauer), le coge del brazo y le salva la vida. Ambos est\u00e1n extenuados. Segundos antes de saben interpretar. Tener baldas y armarios repletos con estas casetes y vinilos era poseer la m\u00fasica que conformaba nuestro universo sonoro, no hab\u00eda otro modo al margen de las emisoras de radiof\u00f3rmula. La discoteca era algo visible, palpable, contable, medible. El espacio ocupado era proporcional a la cantidad de canciones que pod\u00edamos o\u00edr: cuanto mayor fuera nuestro almacenaje, mejor. Muchas de esas car\u00e1tulas estaban escritas a mano, se\u00f1alando lo que hab\u00edamos grabado en ella o reteniendo la escritura de alguien querido que nos seleccion\u00f3 aquello que pens\u00f3 que podr\u00eda sorprendernos. De forma parad\u00f3jica, en una sociedad inmaterial como la actual, necesitamos m\u00e1s que nunca tocar y aferrarnos a las cosas, sentirlas de verdad, relacionarnos con ellas de manera real y no virtual, asumirlas como parte del entorno que habitamos, apoyarnos en ellas para sostener el peso de la experiencia acumulada. Antes, la m\u00fasica era expectativas, peque\u00f1as obsesiones. Entr\u00e1bamos en las canciones a base de repetirlas, de escuchar cada cara de un elep\u00e9 de modo insistente una y otra vez. La disposici\u00f3n del oyente era distinta, no se pod\u00edan seleccionar partes del disco al antojo y las percepciones eran globales, no fragmentarias ni salpicadas. La m\u00fasica en el siglo XXI ha cobrado una dimensi\u00f3n diferente, es un concepto vol\u00e1til y asequible que ha perdido envergadura como motor de las inquietudes que motivan a los j\u00f3venes. Ya no hace falta ocupar ning\u00fan espacio ni comprar nada en ning\u00fan sitio, desde nuestro port\u00e1til o tablet podemos disponer de una carta infinita de posibilidades, bien sean gigas de archivos digitales acumulados en la memoria o conectando en streaming con aquello que nos interesa o despierta inter\u00e9s. Lo habitual tambi\u00e9n es usar cascos o auriculares, aislarnos de los dem\u00e1s. Nos hemos vuelto m\u00e1s introspectivos y menos emp\u00e1ticos. Si en la era anal\u00f3gica la m\u00fasica era compartir, ahora se ha convertido en muchos casos en una actividad solitaria que genera aislamiento. El fin de esta \u00e9poca supone tambi\u00e9n una mutaci\u00f3n del paradigma, el triunfo de los usuarios homogeneizados frente a los aficionados entusiastas del modelo previo, m\u00e1s proclives desaparecer para siempre, el replicante, mantiene un sentido soliloquio delante de la figura derrotada de su enemigo. Suena Vangelis de fondo. \u201cHe visto cosas que vosotros no creer\u00edais\u2026 Atacar naves en llamas m\u00e1s all\u00e1 de Ori\u00f3n\u2026 He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannh\u00e4user\u2026 Todos esos momentos se perder\u00e1n en el tiempo como l\u00e1grimas en la lluvia\u2026Es hora de morir.\u201d a la variedad y salirse de lo previsible. Las relaciones que se establec\u00edan eran m\u00e1s humanas; se promov\u00eda la aproximaci\u00f3n entre personas, la confluencia entre circunstancias an\u00e1logas. Para un artista que se ganara bien la vida con la m\u00fasica y sacara un trabajo nuevo al mercado, era necesario dar conciertos para llegar a la gente y vender discos. Ahora, curiosamente, es justo al rev\u00e9s: primero es necesario que descarguen tus canciones para que luego te reclamen y puedas dar conciertos.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Internet ha supuesto un cambio diametral en las formas de consumo musical. Lo virtual ha desplazado el centro de atenci\u00f3n desde sitios concretos y reconocibles hasta otros intangibles y ubicuos. La simplicidad de escucha que permite Spotify deteriora la magia que conllevaba determinados aspectos intr\u00ednsecos de la m\u00fasica, una parte sutil e invisible que nos ha conformado como personas durante varias generaciones.<br>Actualmente, seleccionar una canci\u00f3n ni supone compromiso ni conlleva dificultad. Lo que a la primera no encaja con nuestros esquemas, se desecha con facilidad; no se ahonda ni se busca ir m\u00e1s all\u00e1. Los quincea\u00f1eros de hoy viven en los ordenadores y los m\u00f3viles, todo se queda en la superficie, les cuesta profundizar. Quiz\u00e1s por eso sus conductas son m\u00e1s homog\u00e9neas: se ajustan a un molde b\u00e1sico de est\u00edmulo-respuesta que roza el estereotipo. El ritual, tan necesario en el paso de la adolescencia a la madurez, ha desaparecido como parte del camino, el proceso ha perdido relevancia<br>como \u00e1mbito de desarrollo porque el \u00fanico patr\u00f3n posible es finalista, unidireccional. De hecho, la reproducci\u00f3n a la carta en streaming afianza como definitivo un modelo neoliberal redondo: la seductora oferta de un repertorio ilimitado de autores y melod\u00edas mientras nos cuelan como contrapartida mensajes publicitarios. La alternativa es pagar una suscripci\u00f3n peri\u00f3dica. Sea como sea, esta receta tambi\u00e9n implica control sobre nuestras escuchas y el tiempo que dedicamos a ello.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Las piezas de Eduardo Balanza nos invitan a reflexionar sobre una \u00e9poca pasada desde una perspectiva diferente, rememorando una experiencia de cercan\u00eda en el registro de lo humano, contando algo sobre las personas y su autobiograf\u00eda que es habitual que se pase por alto. Fundamentalmente, porque nos resulta siempre complicado acotar desde el an\u00e1lisis sensaciones pr\u00f3ximas a la p\u00e9rdida o la nostalgia. Esas emociones ni siquiera hace falta definirlas, es mejor asumirlas como evocaciones abiertas que activan resortes escondidos en nosotros que no esperamos. <\/p>\n\n\n\n<p>La m\u00fasica actual se ha reducido a una aplicaci\u00f3n multiplataforma donde el usuario posee poco margen de maniobra y nula representatividad. El giro ha sido tan r\u00e1pido que en una d\u00e9cada una multinacional sueca como Spotify ha sido capaz de situarse por encima de las discogr\u00e1ficas hasta condicionarlas. El negocio internacional es as\u00ed, no entiende ni de sentimientos de ni de individuos, s\u00f3lo de n\u00fameros y beneficios. Ante este constre\u00f1ido panorama caracterizado por el desapego, tras ver una exposici\u00f3n como la que ahora presenta Balanza en Marbella, todav\u00eda podemos refugiarnos en algunos objetos emblem\u00e1ticos que guardan en su interior, casi como un tesoro secreto, algo indescriptible de aquello que un d\u00eda amamos mientras fuimos felices.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.diariosur.es\/culturas\/eduardo-balanza-mezcla-20181201000322-ntvo.html\">https:\/\/www.diariosur.es\/culturas\/eduardo-balanza-mezcla-20181201000322-ntvo.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La galer\u00eda de Marbella presenta la obra multidisciplinar del artista murciano en un montaje donde destacan sus piezas con neones. RE-MIX. Eduardo BalanzaGaler\u00eda Yusto-Giner, Marbella30 noviembre 2018 \u2013 9 Febrero 2019Mientras fuimos felices. Sema D\u00b4Acosta En muy poco tiempo, antes de que nos di\u00e9ramos cuenta, la m\u00fasica popular, \u00e9sa que procura llegar al mayor n\u00famero de gente posible y alcanzar cotas altas de audiencia en un p\u00fablico heterog\u00e9neo, ha cambiado radicalmente su esencia. Aunque no lo digamos ni se escriba mucho sobre ello, aunque ya se sobreentienda su nuevo estado como si hubiese sido una evoluci\u00f3n predecible, el giro vivido en la industria musical durante la \u00faltima d\u00e9cada ha resultado tan imprevisible\u2026 que lo que fue ya nada tiene que ver con lo que es ahora. Hemos pasado de los vinilos y casetes al streaming en un santiam\u00e9n, de los elep\u00e9s y del CD a la playlist sin que apenas nos diese lugar a pensar sobre lo que estaba pasando. Es sorprendente el modo tan r\u00e1pido en el que nos hacemos a lo que llega y olvidamos lo anterior, la poca importancia que cobra el ayer cuando lo nuevo es m\u00e1s c\u00f3modo y f\u00e1cil. No es s\u00f3lo una cuesti\u00f3n de variar nombres o estilos musicales, eso ha ocurrido siempre a lo largo de las modas y tendencias de la segunda mitad del siglo XX y sin duda es una dial\u00e9ctica que responde a una pulsi\u00f3n natural hacia delante. En este caso estamos ante una cuesti\u00f3n ontol\u00f3gica de verdadero calado, una transformaci\u00f3n sustancial que ha mutado la tradicional naturaleza de la m\u00fasica pop como veh\u00edculo social y catalizador del imaginario de la juventud de una \u00e9poca hacia otra cosa distinta y globalizada. Hace unos a\u00f1os el acto de o\u00edr m\u00fasica formaba parte de un conjunto de situaciones aparentemente sencillas -complejas desde el punto de vista antropol\u00f3gico que pod\u00edan acabar siendo determinantes para la filiaci\u00f3n identitaria de alguien antes de llegar a la edad adulta. 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Evidentemente, estas afinidades eran vinculantes: potenciaban el sentido de pertenencia a trav\u00e9s de los dem\u00e1s, por eso hab\u00eda algo tribal e incluso at\u00e1vico en esas actitudes colectivas. Significaban un lugar de reafirmaci\u00f3n donde la espontaneidad, el atrevimiento y la desinhibici\u00f3n se canalizaban a trav\u00e9s de un c\u00f3digo com\u00fan cuya banda sonora actuaba como tel\u00f3n de fondo emocional.Una tesitura distinta, pero con el mismo fondo musical, era la intimidad de la habitaci\u00f3n, el refugio propio. Ah\u00ed la m\u00fasica era un ejercicio de confirmaci\u00f3n, la eucarist\u00eda de una personalidad en ignici\u00f3n. Escuchar vinilos y cintas en tocadiscos o radiocasetes conllevaba un acto de liturgia que se ha perdido. Adem\u00e1s de constituirse como un trance ceremonial, abarcaba un proceso de encuentro y descubrimiento con algo profundo. Las tribus urbanas musicales aparecieron a mediados de los a\u00f1os 70 del siglo pasado en Espa\u00f1a, durante el periodo de tr\u00e1nsito de la dictadura a la democracia. Cada subcultura ten\u00eda h\u00e1bitos comunes, lugares de reuni\u00f3n, maneras propias de hablar, vestirse, peinarse, actuar o pensar. Eran reconocibles unas de otras y conviv\u00edan sin grandes sobresaltos, respetando el espacio de cada una. Desde los a\u00f1os 60 del siglo XX en Estados Unidos se crea un movimiento de contracultura contra la Guerra de Vietnam que est\u00e1 muy vinculado a la m\u00fasica y la libertad. Evidentemente, en estas tipolog\u00edas juveniles de chupa de cuero y jeans tuvo mucha importancia la imagen de rebeld\u00eda que desprend\u00edan gente como Marlon Brando o James Dean en pel\u00edculas emblem\u00e1ticas de entonces como \u2018El Salvaje\u2019 (1953) o &#8216;Rebelde sin causa&#8217; (1955) permit\u00eda reconfortar el esfuerzo mientras que la imaginaci\u00f3n se expand\u00eda. 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